The Drifter: arte flipante, pero el final es un churro
This point-and-click adventure offers so much, but doesn't stick its ending
Mira, colega, vamos al grano. He estado dándole al The Drifter, ese point-and-click de terror pulp que Powerhoof ha soltado en el mercado, y tengo sentimientos encontrados. Por un lado, el tío visualmente es una pasada, de esas cosas que te quedas mirando la pantalla y dices 'joder, qué dibujos'. Tiene un rollo oscuro, sombrío, que te atrapa, como si hubieran metido a Lovecraft en una coctelera con el cine negro de los 40. Cada escenario es una obra de arte, con esos colores apagados y esas texturas que parecen sacadas de un cómic de miedo de los buenos.
Pero luego está la jugabilidad. Es un point-and-click clásico, de esos que te hacen pensar, buscar pistas, combinar objetos... y oye, mola, eh. Te sientes como un detective chungo resolviendo un misterio que huele a podrido. Los puzles están bien, no son imposibles, pero tampoco te toman por tonto. La historia, que va de un tipo solitario en un mundo postapocalíptico o algo así (no me preguntes, que el lore es denso), te mantiene enganchado. Pero entonces llegas al final, y ahí se jode todo.
El final es un desastre, colega. No sé si al desarrollador se le acabó el presupuesto, las pilas o las ganas, pero es como si hubieran dicho 'ya está, hasta aquí'. Te deja con cara de póker, preguntándote si te has saltado algo, si hay un final alternativo, o si el juego se ha cagado en tu paciencia. No es que sea malo, es que es insatisfactorio, como una cena que empieza con un entrante brutal y termina con un chicle mascado. Y eso que el viaje merece la pena, pero el destino te la juega.
Si te gusta el terror psicológico y el arte chulo, dale una oportunidad, pero no esperes un cierre redondo. Es como cuando te cuentan un chiste buenísimo y al final se olvidan del remate. Una putada, porque el resto es cojonudo. Pero oye, que cada uno decida si le compensa el viaje.
Según ha adelantado el medio Kotaku.



