Los búnkeres de lujo para millonarios: el nuevo paraíso del terror en los videojuegos
Billionaires rarely make for very interesting fabulists - they have people for that sort of thing - but in their obsession with securing a legacy, they do necessarily spend a lot of time in the realm of make-believe. Nowhere is this more apparent than in the shape of luxury apocalypse bunkers, all of them perfect settings for horror games.
Vale, colega, siéntate que te voy a contar una cosa. Últimamente no paro de ver anuncios de esos búnkeres de lujo para millonarios, esos que venden como si fueran apartamentos en la playa pero bajo tierra. Y no sé tú, pero a mí me flipa la idea de meter todo eso en un videojuego de terror. No hablo de esos juegos de supervivencia cutres donde solo tienes que gestionar recursos, sino de algo más retorcido, más psicológico. Porque, seamos sinceros, ¿qué hay más aterrador que un grupo de tíos con más pasta que sentido común encerrados en una caja de lujo mientras el mundo se va a la mierda fuera?
Resulta que ya hay empresas que venden estos refugios, como el Diefenbaker en Canadá, que era un búnker de la Guerra Fría y ahora es un 'santuario de élite' donde puedes mantener tu estilo de vida elevado pase lo que pase fuera. Hostia, suena a guion de peli de serie B, pero es real. Y luego está Vivos, que te sueltan una lista de apocalipsis posibles que van desde la Tercera Guerra Mundial hasta el impacto de un asteroide, pasando por el Armagedón bíblico. Todo junto, como si fueran sabores de helado. Y te cobran millones por el chiste.
Pero mira, aquí es donde yo veo el potencial para un juegazo de terror. Imagínate: tú eres un currela que ha acabado en uno de esos búnkeres por error, o porque has heredado un puesto de limpieza. De repente, el fin del mundo llega, pero no es un apocalipsis cualquiera, es algo raro, algo que hace que los ricos se vuelvan locos. Empiezan a pelearse por quién tiene la mejor selección de vinos, a conspirar entre ellos, y te das cuenta de que el verdadero monstruo no está fuera, sino dentro, con sus trajes caros y sus sonrisas de plástico. Eso es terror de verdad, tío. No necesitas zombies ni aliens cuando tienes a un CEO psicópata con acceso a un sistema de ventilación y ganas de jugar.
Ya hay juegos que han coqueteado con la idea, como esos survival horror en espacios cerrados, pero ninguno ha explotado bien la dinámica de clase. Los millonarios no son interesantes por sí mismos, pero su obsesión por controlarlo todo, por crear su propio mundo de mentira mientras el de verdad se quema, eso es material de primera para una historia de miedo. Y encima, con la tecnología actual, podrías meter IA, entornos generativos, y hacer que cada partida sea un infierno distinto.
Así que, desarrolladores, si estáis leyendo esto, dejad de hacer juegos de terror genéricos y poneos a diseñar un búnker de lujo. Que el pánico financiero y la locura de los que tienen demasiado poder den un salto a las pantallas. Porque, al final, el miedo más auténtico es el que viene de los que creen que pueden comprarlo todo, incluso la salvación.
Según ha adelantado el medio Rock Paper Shotgun.



