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La Steam Machine se ha cargado la RAMpocalypse y me tiene mosqueado

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Chalk another one up to AI demand, I guess.

La Steam Machine se ha cargado la RAMpocalypse y me tiene mosqueado

Mira, te voy a ser sincero: cuando Valve anunció la Steam Machine, todos pensamos que iba a ser la hostia. Una consola para jugar en el salón, con la libertad de un PC, pero sin tener que montártela tú. Parecía el sueño húmedo de cualquier jugador que quisiera echarse un FIFA en el sofá sin liarla parda con drivers y configuraciones. Pero luego llegó la realidad, y la realidad apesta a RAM cara.

Resulta que el modelo base de la Steam Machine, con 512 GB de almacenamiento y sin mando, cuesta 1.049 pavos. Sí, has leído bien: más de mil euros por una caja que, en condiciones normales, debería costar la mitad. Y si le sumas el mando, te plantas en 1.128. ¿Recuerdas cuando todos especulábamos con que rondaría los 525 dólares? Pues eso, que nos la han metido doblada.

El problema no es solo el precio, que ya es para mear y no echar gota. El problema es que la culpa la tiene la dichosa RAMpocalypse. Resulta que los servidores de inteligencia artificial se están comiendo toda la capacidad de fabricación de módulos de memoria, y los componentes de consumo se han disparado. Así que Valve, que quería hacer una consola asequible, se ha encontrado con que los chips que necesita valen un riñón. Y claro, el producto final es una castaña en términos de relación calidad-precio.

Lo peor es que la Steam Machine no es una mala máquina. Tiene un diseño chulo, está pensada para funcionar con SteamOS y el mando de Steam es curioso, aunque a mí me parece un ladrillo. Pero con ese precio, te compras un PC gaming decente y te montas tu propio sistema en el salón por menos pasta. O te esperas a que bajen los precios, que igual para entonces la IA ya se ha cargado el mercado de la memoria para siempre.

Y ojo, que no me malinterpretes. Me alegro de que Valve haya intentado algo diferente. Pero ver cómo la especulación y la demanda de servidores de IA joden un proyecto que podría haber sido la leche me toca las narices. Porque al final, el que paga el pato es el consumidor, que se queda con una consola que no es ni barata ni revolucionaria. Y todo por culpa de unos chips que se van a entrenar a ChatGPT o a quién sabe qué.

Segun ha adelantado el medio PC Gamer.

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