La IA se está zampando la electricidad del planeta y los inversores se frotan las manos con las OPI energéticas
Companies coming to market are raising money at fastest pace this century.
Mira, colega, si hace cinco años te digo que la gran oportunidad de inversión de la década iba a ser una central eléctrica o una empresa de tendidos, te partías de risa. Pero aquí estamos. La inteligencia artificial, esa criatura digital que promete cambiarlo todo, tiene un hambre voraz de electricidad. Y no hablo de la que gasta tu ordenador cuando juegas al Fortnite, sino de una bestialidad: un centro de datos típico para IA se ventila al año tanta luz como toda la ciudad de Glasgow. Sí, como lo oyes. Y claro, esto ha creado un chollo para los de siempre: los que venden picos y palas en la fiebre del oro. Ahora mismo, las empresas energéticas están saliendo a bolsa como si no hubiera un mañana, y los inversores, que ya se forraron con Nvidia, están buscando la siguiente jugada.
Según los datos, en la primera mitad de este año las OPI de empresas del sector energético han captado 12.600 millones de dólares. Eso, para que te hagas una idea, es la cifra más alta en un semestre desde que el mundo era un puro caos con la burbuja de las puntocom en 1999. Y ojo, que supera con creces los 4.300 millones que se recaudaron en todo el año pasado. El pastel es gordo. Pero esto no es casualidad, tío. Es pura lógica de mercado: si la IA necesita más electricidad que un país pequeño para funcionar, alguien tiene que generarla, transportarla y gestionarla. Y ese alguien quiere su parte del pastel.
La movida es que los inversores han hecho la cuenta de la vieja. Primero compraron acciones de Nvidia, que es el que fabrica los chips que hacen funcionar los cerebros de la IA. Y se forraron. Luego miraron alrededor y dijeron: “Oye, espera, que cada uno de esos chips necesita una burrada de energía”. Y ahí está el truco. Como dice Chris Dendrinos, un analista de RBC, eso ha sido un viento de cola enorme para estas compañías. La demanda de electricidad en Estados Unidos se va a disparar un 39% entre 2026 y 2035, según la consultora ICF. Y la culpa, en gran parte, la tienen los centros de datos. No es coña, es la nueva normalidad.
Y aquí es donde entramos en el meollo del asunto. Los que ya han hecho el agosto con las tecnológicas están girando el timón hacia lo que llaman las empresas de “picos y palas”. Es la vieja historia de la fiebre del oro: los que realmente se forraron no fueron los buscadores, sino los que vendían las herramientas. Pues lo mismo. Ahora toca invertir en los que ponen los cables, las turbinas, los transformadores y todo el tinglado. Manish Kabra, de Société Générale, lo dice claro: la expansión de la capacidad energética y la infraestructura para la IA son su apuesta central. No es para menos.
Pero ojo, que no todo es tan bonito como parece. El problema de fondo es que la red eléctrica no está preparada para este zarpazo. En muchos sitios ya hay cuellos de botella. Las compañías energéticas tienen que construir nuevas plantas, modernizar las que ya están y, encima, hacerlo en un contexto donde la presión por la descarbonización y las energías limpias es cada vez mayor. Porque, claro, no es lo mismo montar una central de gas que un parque eólico. Y mientras, los inversores quieren rentabilidad rápida. La cuadratura del círculo.
Y luego está el tema de las OPI. Que salgan a bolsa empresas de este palo no es solo una señal de que hay dinero, sino de que el mercado cree que la demanda no va a parar. Pero, ¿y si la burbuja de la IA se pincha? ¿Y si la inteligencia artificial no es tan revolucionaria como prometen? Entonces, estas empresas se quedarían con una infraestructura sobrevalorada y una demanda que se desinfla. Es el riesgo de siempre. Pero mientras tanto, la fiesta está servida. Hasta han lanzado un ETF específico de infraestructura energética, como el de GMO, para que cualquiera pueda meter el dedo en el pastel sin tener que comprar acciones sueltas.
En resumen, colega, el mundo se está electrificando a marchas forzadas por culpa de la IA. Y los que venden la electricidad se están forrando. Pero como en todas las burbujas, el que llega tarde se queda con la patata caliente. Por ahora, los datos son claros: es el mejor momento para las OPI energéticas desde los tiempos de las puntocom. Veremos si la historia se repite o si esta vez es diferente. Yo, mientras, me pido una birra y observo el espectáculo.
Segun ha adelantado el medio ArsTechnica AI.



