La AP-7 se ha convertido en un caos desde que es gratis: el Gobierno se plantea si poner peajes o gastar 500 millones en ensancharla
La AP-7 vuelve a estar en el centro del debate sobre la movilidad en Cataluña. Y es que tal y como
Tranquilo, colega, siéntate que te pongo al día de una movida que nos afecta a todos los que alguna vez hemos tenido que sufrir la AP-7. Resulta que desde hace cuatro años, la autopista es gratis. Sí, como lo oyes. Se quitaron los peajes en 2021 y parecía que íbamos a vivir en el paraíso de la conducción fluida. Pues no, colega, la realidad ha sido bien distinta: ahora la AP-7 es un parking en horas punta, un infierno de atascos diarios y un colapso cada vez que llega el verano y la gente se lanza a la costa.
Y aquí viene lo gordo: el Ministerio de Transportes, que ahora se llama de Movilidad Sostenible (que suena muy moderno, pero luego ves los atascos y te preguntas qué movilidad sostenible es esa), está estudiando dos opciones que son como elegir entre que te peguen con un palo o con una piedra. Por un lado, barajan volver a poner peajes. Sí, como lo lees. Después de cuatro años de alegría, podría volver el odiado peaje. Por otro lado, están planteándose gastarse la friolera de 500 millones de euros en ensanchar la autopista, añadiendo carriles nuevos para ver si así el tráfico respira un poco.
Vamos a ver, que no me lo invento. Según ha adelantado El Periódico, el Ministerio tiene ya cuatro proyectos sobre la mesa para ampliar la AP-7 con nuevos carriles. Hablamos de casi cien kilómetros de obras repartidos entre el Vallès, el Penedès y las Terres de l'Ebre. Y ojo, que uno de esos proyectos ya está en marcha desde 2023: el tercer carril entre L'Hospitalet de l'Infant y Amposta, que son casi 40 kilómetros. Luego viene el cuarto carril entre la B-23 y Martorell, nueve kilómetros que cuestan 94 millones de euros, y otros dos cuartos carriles más: uno entre Sant Celoni y Montornès del Vallès, de 30 kilómetros, y otro entre Martorell y Vilafranca Centre, de 25 kilómetros. Este último par son novedad, no se habían hecho públicos hasta ahora. Y claro, cada proyecto está en una fase distinta, desde estudios previos hasta redacción definitiva, así que ni de coña tienen fecha de ejecución.
Pero el problema no es solo de coches, colega. Que aquí el lío es gordo. Resulta que de los 41.000 vehículos que cruzan la frontera por La Jonquera cada día, 15.000 son camiones. ¡Casi la mitad! Y eso es un puto desastre. Porque el transporte de mercancías por carretera es el que está colapsando todo. Ministerio y Generalitat coinciden en que el ferrocarril debería llevarse una parte más grande de ese tráfico, pero claro, la red ferroviaria no da para más, las terminales intermodales son un chiste y el corredor mediterráneo sigue sin completarse. Así que la carretera es la única opción competitiva. Y mientras tanto, nosotros, los mortales, nos comemos los atascos.
Y ahora viene lo mejor: mientras deciden si ponen peajes o gastan los 500 millones, han optado por una solución intermedia que es como poner un parche en una tubería rota. Han firmado un convenio de 250 millones de euros al año entre el Ministerio y la Generalitat para remodelar una quincena de enlaces. ¿Qué significa eso? Pues que van a quitar los famosos "trenzados", esos cruces donde los coches que entran y salen se mezclan en pocos metros y generan la mayoría de las retenciones. Van a arreglar enlaces como Girona Nord y Sud, Maçanet de la Selva, La Roca del Vallès, Montmeló-Parets, la conexión con la B-30 y Vilafranca del Penedès. Y además, están valorando limitar los adelantamientos de camiones en algunos tramos. O sea, que los camioneros no puedan adelantarse y crear esos tapones de tres carriles que te hacen perder la paciencia.
Pero vamos a ser sinceros, colega. ¿De verdad crees que poner más carriles soluciona algo? Esto es como cuando un gordo se compra un pantalón más ancho en lugar de ponerse a dieta. Más carriles solo atraen más coches. Es la famosa "demanda inducida". Si construyes más carriles, la gente usa más el coche porque parece que va a ir mejor, y al final el atasco es el mismo o peor. Y si encima vuelven los peajes, la gente se va a cabrear un montón, porque ya se habían acostumbrado a la libertad. Además, los peajes nunca han sido baratos en esta tierra. Te hablo de currar en Barcelona y vivir en el Vallès: antes de 2021, la AP-7 te costaba un pastón cada día. Ahora es gratis, pero pagas el peaje en tiempo perdido en los atascos.
El debate está servido, y no pinta bien. Por un lado, el Gobierno quiere contentar a los conductores que piden más carriles para que la autopista fluya. Por otro, los ecologistas y los urbanistas dicen que lo que hay que hacer es potenciar el transporte público, el tren de cercanías y el carril bus-VAO. Pero claro, eso requiere inversiones y tiempo, y mientras tanto, la AP-7 sigue siendo la única vía rápida para muchos. Y luego está el tema de los camiones. Si no se mejora el ferrocarril, los camiones van a seguir ahí, y los atascos también.
Yo, personalmente, creo que la solución no es ni peajes ni más carriles. Es una mezcla de todo: mejorar el transporte público, hacer que el tren sea una alternativa real para mercancías y pasajeros, y sí, quizás poner algún peaje selectivo, como en horas punta, para que la gente se lo piense dos veces antes de coger el coche. Pero eso es muy complicado de vender políticamente, porque nadie quiere pagar por algo que antes era gratis. Y menos en Cataluña, que ya tenemos bastante con el debate político como para encima discutir sobre peajes.
En fin, colega, que la AP-7 es un reflejo de cómo gestionamos la movilidad en este país: a golpe de parche y sin visión a largo plazo. Mientras tanto, nosotros, los que vivimos en el área metropolitana de Barcelona, seguiremos sufriendo los atascos, ya sea con peajes o sin ellos. Y todo por no haber invertido a tiempo en alternativas reales. Pero bueno, al menos tenemos la anécdota para contar en el bar, mientras esperamos que se mueva el tráfico.
Según ha adelantado el medio Xataka.



