KOTOR 2: La vez que Star Wars se puso a reflexionar en el bar
The Light Side of the Force, now with the original fifty shades of grey.
Vale, hablemos claro. La primera vez que jugué a Knights of the Old Republic, flipé. Era la hostia. Te sentías un puto Jedi molón, salvando la galaxia, con la espada láser bien tiesa y la Fuerza de tu lado. Pero luego llegó la segunda parte, y no era solo otro juego. Era como si alguien hubiera entrado en la fiesta de Star Wars, hubiera apagado la música y empezara a preguntar: '¿Y si todo esto de los buenos y los malos es una mierda?'.
Y es que KOTOR 2 no viene a darte palmaditas en la espalda. Viene a meterte el dedo en la llaga. Mientras que el primer juego era un viaje de héroe clásico, con su villano de armadura negra y su destino escrito, aquí te tiran a la basura. Eres el Exiliado, un tío que fue expulsado de la Orden Jedi por tomar una decisión jodida en el momento adecuado. No eres un elegido, eres un paria. Y tu grupo de colegas no te sigue porque seas carismático, sino porque tienes un vínculo raro de la Fuerza que los atrae como moscas a la mierda. Asesinos, caídos, gángsters... vaya pandilla.
Lo mejor es cómo el juego se caga en la moralidad blanco y negro de Star Wars. Chris Avellone, el diseñador, debió pensar: 'Vamos a desmontar esto'. Y lo hace. Te muestra que el lado oscuro no es solo maldad pura, y el lado luminoso no es tan limpio. Los Jedi, esos que se creen superiores, resultan ser unos hipócritas de cuidado. Y los Sith no son solo monstruos; tienen sus razones, por muy retorcidas que sean. El juego te obliga a preguntarte: ¿qué coño significa ser 'bueno' cuando el universo es un caos de mierda?
Además, el ambiente es una pasada. No estás en planetas bonitos con cielos azules. Estás en los bajos fondos, en mundos que aún sangran por las guerras. Todo es gris, sucio, y la gente está jodida. No hay héroes aquí, solo supervivientes. Y eso, tío, es mucho más interesante que la típica historia de 'vencer al malo'.
Al final, KOTOR 2 es como ese colega que te dice: 'Oye, ¿y si todo lo que te han contado es una puta mentira?'. Y te deja con la cabeza dando vueltas. No es perfecto, tiene bugs y un final que parece cortado con cuchillo de mantequilla, pero joder, te hace pensar. Y eso, en un mundo de juegos que solo quieren que aprietes botones, se agradece.
Segun ha adelantado el medio PC Gamer.



