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Videojuegos

GTA 6 molaba hasta que me acordé de que ya no soy dueño de nada

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The biggie for me was always the one with the Sabre Turbo. Poised at a crossroads, black with an impossible shine, like an oil slick on tarmac, reflections iridescent. A fool in a red sports car in front, the city surrounding, mountains in the distance. A car coiled up at that intersection like the

GTA 6 molaba hasta que me acordé de que ya no soy dueño de nada

Vale, confieso: cuando vi las nuevas capturas de GTA 6 me entró ese cosquilleo de la hostia. Esa sensación de que te van a meter en un mundo que vas a devorar durante meses. Rockstar sabe vender humo como nadie, y con esas imágenes de coches relucientes y atardeceres imposibles te hacen creer que la vida va a ser mejor cuando salga el puto juego.

Pero luego, entre pantallazo y pantallazo, me vino un pensamiento que me jodió el subidón: ¿de qué coño me sirve emocionarme si ni siquiera voy a ser dueño de lo que compre? Porque sí, todo el mundo habla de lo guay que va a ser Vice City otra vez, de las mecánicas, de los gráficos... pero nadie quiere hablar del elefante en la habitación: la propiedad digital.

Hoy por hoy, comprar un videojuego es como alquilar una película en Blockbuster, solo que sin la nostalgia de devolverla tarde. Te meten 80 pavos por un título que, legalmente, no es tuyo. Las compañías pueden retirarlo, modificarlo o directamente borrarlo de tu biblioteca cuando les salga del nardo. Y con GTA 6, que va a ser un monstruo de servicio online, esto va a ser peor. Rockstar ya ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de cerrar servidores o de meter microtransacciones hasta en la sopa.

Mira, yo soy el primero que se flipa con una buena screenshot. El otro día me pasé diez minutos mirando una imagen de un Sabre Turbo en un cruce, con esa luz de puta madre. Pero luego pienso que dentro de diez años, igual no puedo jugar a GTA 6 porque han decidido que ya no toca. Que mi inversión se va al carajo porque ellos quieren venderte la siguiente entrega. Y eso, colega, es una mierda.

No digo que no vaya a comprarlo. Claro que lo haré, soy un pringao. Pero al menos quiero que sepamos de qué va esto. No es emoción pura; es emoción con trampa. Así que mientras esperamos a que Rockstar suelte más pantallazos y nos haga babear, igual es buen momento para preguntarnos por qué seguimos aceptando que nos vendan humo sin derechos. Porque, al final, lo único que nos queda es la nostalgia de lo que nunca fue nuestro.

Segun ha adelantado el medio Eurogamer.

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