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IA

Ford descubre que la IA no vale un pimiento sin los viejos rockeros de la fábrica

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Hace unos años, Ford se lanzó de cabeza a la automatización de su cadena de producción. Quería que sus sistemas de inteligencia artificial revisaran cada pieza y detectaran fallos antes

Ford descubre que la IA no vale un pimiento sin los viejos rockeros de la fábrica

Mira, te voy a contar una historia que me ha llegado al alma. Resulta que Ford, esa compañía que lleva un siglo haciendo coches, se creyó el cuento de que la inteligencia artificial lo iba a arreglar todo. Se pusieron a automatizar la producción como si no hubiera un mañana, con sus robots y sus algoritmos revisando cada pieza. Y claro, el papel lo aguanta todo, pero en la práctica la cosa se les fue de las manos. Los coches empezaron a salir con más fallos que un reloj chino, y las llamadas a revisión se dispararon.

Y aquí viene lo bueno. En lugar de seguir dándole a la tecla de la tecnología sin más, alguien en Ford tuvo una idea de bombero: "Oye, ¿y si traemos de vuelta a los que saben de verdad?". Así que se han puesto a recontratar a esos ingenieros veteranos, esos con canas y experiencia, que ya habían jubilado o mandado a casa. Y no es coña: en los últimos tres años han fichado a 350 de estos tíos. Gente que sabe dónde aprieta el zapato antes de que el zapato exista.

El problema, según cuentan, es que la IA solo es buena si la alimentas con datos de calidad. Y Ford, en su afán de modernizarse, se olvidó de meter en el entrenamiento a los que más sabían: los ingenieros de toda la vida. Así que la máquina aprendió a base de manuales y no de la experiencia real. Un despropósito. Ahora, estos veteranos no están para jubilar a la IA, sino para enseñarle lo que es bueno. Son como los abuelos sabios que te dicen: "No, hijo, por ahí no, que te vas a dar el hostión".

Lo flipante es que esto no es un caso aislado. Cada vez más empresas se están dando cuenta de que la inteligencia artificial no es la panacea. Necesitas a gente que haya sudado en la fábrica, que sepa cómo suena un motor cuando falla, que tenga ese olfato que da la experiencia. Y Ford, después de años de despidos y de poner toda la carne en el asador de la automatización, ha tenido que tragarse su orgullo y llamar a los que echaron. Ironías de la vida.

Así que ya ves, la próxima vez que oigas a un gurú tecnológico decir que la IA va a dejar sin trabajo a todo el mundo, acuérdate de Ford. Porque al final, lo que realmente funciona es mezclar lo mejor de los dos mundos: la máquina que no se cansa y el tío que sabe cuándo una pieza está mal solo con tocarla. Y oye, que bien por ellos, porque si mis coches fueran Ford, prefiero que los revisen estos veteranos antes que un algoritmo que no sabe lo que es un atasco.

Según ha adelantado el medio Xataka IA.

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