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El Quest de Shackleton: un barco hecho cagar pero lleno de vida

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The Quest shipwreck is in worse shape than expected, but it has turned into a thriving marine ecosystem.

El Quest de Shackleton: un barco hecho cagar pero lleno de vida

Mira, colega, cuando hablamos de Sir Ernest Shackleton, la mayoría pensamos en el Endurance, ese barco que se quedó atrapado en el hielo y que sus tripulantes sobrevivieron de puta madre. Pero el tío tenía otro barco, el Quest, que era como el hermano pequeño y menos famoso. Pues resulta que hace poco han sacado las primeras fotos de su pecio, y la cosa está más cascada de lo que esperaban, pero oye, la naturaleza se lo ha montado bien.

El Quest era un ballenero noruego de madera que Shackleton compró para su última movida. Su mujer, Emily, lo rebautizó. La idea era ir al Ártico, pero el gobierno canadiense se rajó y al final acabaron en la Antártida otra vez. Le metieron un retrofit que flipas: camarote nuevo, nido de cuervo con calefacción, radio, un chisme para trazar rutas automáticamente, y hasta una avioneta. Pero el pobre Shackleton no llegó a disfrutarlo; palmó en 1922 antes de alcanzar su destino. El barco siguió dando vueltas hasta que se hundió en 1962 frente a la costa de Labrador.

La Royal Canadian Geographic Society ha publicado ahora las primeras imágenes del pecio en la revista Canadian Geographic. Y te soy sincero: el barco está hecho polvo. La madera se ha ido deshaciendo, el casco está partido, y parece más un montón de escombros que un barco. Pero lo guay es que se ha convertido en un ecosistema de la hostia. Peces, corales, algas... todo un barrio submarino. La vida se abre paso hasta en los sitios más jodidos.

Lo flipante es que el Quest no es el Endurance, que está en perfecto estado por el frío. Aquí el agua es más cálida y salada, y la madera se pudre. Pero precisamente por eso, el pecio es un refugio para bichos. Es como si el barco, después de servir a Shackleton, ahora le diera cobijo a otra fauna. Una lección de que hasta lo que parece una ruina puede tener un propósito.

En fin, que si te mola la historia de exploración y la naturaleza, este lío del Quest es un recordatorio de que no todo es drama y heroicidades. A veces, un barco hecho mierda es más interesante por lo que crece encima que por lo que fue. Y oye, Shackleton estaría orgulloso de que su último barco siga dando guerra, aunque sea como arrecife artificial.

Segun ha adelantado el medio ArsTechnica.

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