Dos rocas espaciales, dos misiones y un finde de locos en el espacio
The Torifune asteroid turns out to be shaped like a peanut.
Mientras aquí abajo nos pegábamos el festín de los 250 años de independencia yanqui con fuegos artificiales y barbacoas, arriba, en el silencio del espacio, pasaban cosas mucho más interesantes que un petardo. Este fin de semana ha sido el no va más para la exploración de asteroides, y no, no me refiero al pedrusco que se nos cruza de vez en cuando y nos pone nerviosos. Hablo de dos misiones, una japonesa y otra china, que han demostrado que la carrera espacial no es cosa de un solo caballo.
La primera en dar la campanada ha sido la Hayabusa2 de la JAXA. Este bicho japonés lleva desde 2014 dando guerra, y después de pasarse por Ryugu, recoger muestras y devolverlas a casa como un repartidor de Glovo espacial, todavía tenía hambre. Con 30 kilos de combustible de xenón en el depósito -casi la mitad de lo que llevaba al salir-, los ingenieros japoneses decidieron alargarle la vida y mandarlo a dar un voltio por dos asteroides más. El domingo, la sonda pasó a unos 800 metros de Torifune, un asteroide de 450 metros que, oye, tiene forma de cacahuete. Vamos, que el espacio también tiene su aquel con las formas raras.
Pero ojo, que los chinos no se quedan atrás. La Tianwen-2, después de un viaje de 1.000 millones de kilómetros -sí, has leído bien, mil millones-, ha llegado a su objetivo y ha soltado las primeras fotos. La misión china no es un mero sobrevuelo; pretende coger muestras de ese pedrusco y traerlas de vuelta a la Tierra para finales del año que viene. Si lo consiguen, será un golpe sobre la mesa de la CNSA (la agencia espacial china) que no pasará desapercibido.
Lo flipante de todo esto es que no es una competición, aunque parezca una. Japón lleva años refinando su técnica con la Hayabusa2, que ya es un clásico de la exploración. China, en cambio, va a saco y con paciencia, demostrando que su programa espacial no es postureo. Dos formas distintas de hacer ciencia, pero con el mismo objetivo: entender de qué coño está hecho el sistema solar y, de paso, ver si algún día podemos poner un pie en uno de estos bichos sin que nos parta en dos.
Así que mientras tú y yo nos tomábamos una cerveza pensando en las vacaciones, dos sondas estaban haciendo historia. El espacio no entiende de fiestas nacionales, y menos de resacas.
Segun ha adelantado el medio ArsTechnica.



