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Denshattack es una locura de trenes, fideos y revolución: el mejor juego de 2026 no es lo que esperabas

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I fear I’ve authored some kind of Boy Who Cried Wolf situation, vis à vis Denshattack . It’s shown signs of greatness ever since its reveal last year,

Denshattack es una locura de trenes, fideos y revolución: el mejor juego de 2026 no es lo que esperabas

Mira, te voy a ser sincero: cuando vi por primera vez un tráiler de Denshattack pensé que era una broma. Un juego donde conduces trenes haciendo piruetas de skate mientras te persiguen bolas de béisbol gigantes. Sonaba a meme, a algo que te enseñas en el grupo de WhatsApp y dices "mira qué tontería". Pero luego lo juegas, y te das cuenta de que el meme eres tú por haberlo juzgado mal.

Porque Denshattack es, sin duda, uno de los mejores juegos que he probado en lo que va de 2026. Y no, no es coña. Es un juegazo de carreras, pero no de coches. Es de trenes. Trenes que hacen trucos, que derrapan, que chocan contra centros de datos de IA mientras suena música chunga. Y todo tiene un trasfondo que te engancha más de lo que esperas.

La historia empieza con Emi, una conductora de tren con unas cejas que parecen sacadas de un anime de los 90. Vive en un Japón postapocalíptico donde el cambio climático ha hecho mierda el país. Los ricos se han encerrado en ciudades con cúpulas, y el resto del mundo sobrevive como puede entre escombros y cuencos de ramen. Emi se gana la vida llevando fideos por las vías. Hasta que un día, un encargo la lleva a descubrir el Denshattack: un deporte ilegal donde pilotas trenes como si fueran monopatines, desafiando la física y a la autoridad.

Y aquí está el truco: Denshattack no es solo un juego de carreras locas. Es un juego sobre rebeldía, sobre comunidad, sobre encontrar tu sitio en un mundo que se cae a pedazos. Los personajes no son simples arquetipos. Son pandilleros del ferrocarril, cada uno con su propia historia y motivaciones. Hay tensión, hay drama, hay momentos que te hacen soltar una lágrima mientras haces un grind sobre un puente derrumbado.

En cuanto a la jugabilidad, es una pasada. El sistema de trucos es sencillo de aprender: mover el stick, combinar botones, hacer piruetas. Pero tiene una profundidad que te atrapa. Puedes pasar horas intentando mejorar tu puntuación, buscando la ruta perfecta, el combo más loco. La sensación de velocidad es brutal. Cuando estás derrapando en múltiples vías a la vez, el puto corazón se te acelera.

Y luego está el mundo. El Japón de Denshattack es una mezcla de ruinas cyberpunk y tradición. Las ciudades domo brillan a lo lejos mientras tú conduces por barrios marginales llenos de neones y carteles de ramen. Hay una crítica social ahí, sí, pero no te la restriegan por la cara. Simplemente está, y tú decides si prestarle atención o solo hacer el cabra con el tren.

La banda sonora es otro puntazo. Temas electrónicos que mezclan ritmos tradicionales japoneses con sintetizadores que te ponen los pelos de punta. Y los efectos de sonido... el chirrido de las ruedas, el choque de los vagones, todo suena a gloria.

Lo mejor de todo es que Denshattack no se toma a sí mismo demasiado en serio, pero tampoco es una parodia. Sabe cuándo soltar una broma y cuándo callarse para que el momento respire. Es un equilibrio difícil, pero lo clava.

Si te gustan los juegos de carreras, los juegos de acción, o simplemente quieres algo que te sorprenda, dale una oportunidad. No te dejes engañar por lo absurdo de la premisa. Denshattack es mucho más que un tren haciendo un flip. Es una declaración de intenciones: que en 2026, los videojuegos todavía pueden ser originales, emocionantes y, sobre todo, divertidos.

Así que ya sabes, colega. Si ves a alguien diciendo que es un juego de broma, mándale este texto. O mejor, invítale a una partida. Que se lo coma con patatas.

Según ha adelantado el medio Rock Paper Shotgun.

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