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IA

Cuando pierdes el olfato, tu cerebro te está avisando de algo gordo

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Disturbances in this critical sense are often linked to problems with brain health.

Cuando pierdes el olfato, tu cerebro te está avisando de algo gordo

Mira, que te deje de funcionar la nariz no es solo un problema para oler un vino o saber si la leche está pasada. Resulta que ese sentido que muchos damos por sentado es como el canario en la mina de tu cerebro. Y no, no es una chorrada.

Hay gente que pierde el olfato por un resfriado o una alergia, y en un par de meses vuelve a la normalidad. Pero luego está el otro equipo: los que se quedan sin él sin saber muy bien por qué, y ahí es cuando la cosa se pone seria. Te hablo de casos como el de Dave, un tío del Medio Oeste que flipaba con el vino. Perdió el olfato hace 20 años y se lo tomó a coña: se iba a catas con su mujer, fingía que olía los tintos y se lo pasaba pipa. Los médicos le decían que no tenía nada. Hasta que empezó a andar como si llevara los frenos puestos y le temblaban las manos. Parkinson. Así, sin avisar.

Los neurólogos, como Ethan Brown de la Universidad de California, llevan años dándole vueltas a esto. Resulta que el Parkinson no empieza con los temblores ni la rigidez, sino mucho antes. Las primeras neuronas que se cargan están en los bulbos olfativos, justo detrás de la nariz. Allí se acumulan unas proteínas tóxicas que, antes de liarla en el cerebro, te dejan sin olfato. Es como si tu cuerpo te dijera: "Oye, que algo va mal aquí arriba, pero todavía no te enteras".

Y no solo es Parkinson. También hay estudios que ligan la pérdida de olfato con el Alzheimer y otras demencias. Vamos, que si de repente no hueles un pedo ni debajo de las sábanas, igual no es solo que tengas la nariz taponada. Es que tu cerebro te está mandando una señal de humo. Y no, no es para reírse.

Lo peor es que los médicos, muchas veces, no le dan importancia. Te dicen: "Bah, alergias, ya pasará". Y tú te quedas con la duda, oliendo a nada mientras el reloj biológico corre. Porque el problema no es no oler un café por la mañana. El problema es que ese síntoma puede ser la primera pieza de un puzle que no quieres montar.

Así que ya sabes: si tu nariz deja de funcionar sin motivo aparente, no te lo tomes a la ligera. No es solo un sentido. Es un aviso. Y en esto, como en todo, mejor prevenir que lamentar.

Segun ha adelantado el medio ArsTechnica AI.

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