Construir sin joder el planeta: lecciones desde Nueva Zelanda y Chile
Designers are finding sustainable building solves close to home—in ancient practices and cutting-edge innovations alike.
Mira, colega, últimamente no paro de leer sobre cómo la construcción moderna es un desastre ecológico. Hormigón por aquí, aire acondicionado por allá, y el planeta pagando el pato. Pero resulta que hay gente que se está tomando en serio eso de construir sin dejar un rastro de mierda. Y no hablo de inventos raros del futuro, sino de volver a lo básico, a lo que ya funcionaba antes de que nos volviéramos locos con el cemento.
Uno de los ejemplos más flipantes me lo encontré en Nueva Zelanda. Un tío llamado Stephen McDougall, arquitecto de Wellington, se ha montado su propia casa de fin de semana en la costa de Kāpiti. Y no es una casa cualquiera, es un refugio autosuficiente que literalmente limpia el aire que respiramos. El colega se ha inspirado en los principios maoríes, esos de cuidar la tierra como si fuera tuya, porque al final lo es. La casa está hecha con madera contralaminada, lana de oveja neozelandesa para aislar, y hasta hormigón con cenizas volantes para reducir la huella de carbono. Todo suena a ciencia ficción ecológica, pero funciona. Paneles solares, recogida de agua de lluvia, tratamiento de aguas residuales in situ... vamos, que no necesita ni calefacción ni aire acondicionado porque está diseñada para ventilarse sola. Y encima tiene un huerto de permacultura. Ojalá todas las casas fueran así, ¿no?
Pero no todo queda en Nueva Zelanda. En Chile, que es un país que tiembla más que un flan, han rescatado una técnica de construcción de hace 8.000 años: el bahareque. Sí, has leído bien, 8.000 años. Es básicamente barro y fibras vegetales, pero resulta que es resistente a los terremotos. Los arquitectos chilenos están combinando esto con tecnología moderna para hacer viviendas que aguanten los movimientos sísmicos sin necesidad de recurrir al hormigón armado. Es una puta pasada porque demuestra que lo antiguo y lo nuevo pueden ir de la mano sin destrozar el medio ambiente.
Lo que me mola de todo esto es que no están inventando la rueda, sino que están mirando atrás para ver cómo coño construían nuestros antepasados sin joder el paisaje. Y luego le añaden un toque de innovación, como los paneles solares o los materiales reciclados. No es una moda hippie, es sentido común. Porque si seguimos construyendo como hasta ahora, el planeta nos va a pasar factura. Y no, no hace falta vivir en una cabaña en medio del bosque para aplicar esto. Es cuestión de cambiar el chip y pensar en sistemas que cuiden la tierra, no que la expriman.
Así que ya sabes, la próxima vez que veas una grúa y un bloque de pisos de hormigón, piensa en el colega McDougall y su casa de lana de oveja. Igual no es la solución para todo, pero al menos es un puto buen comienzo.
Según ha adelantado el medio Wired.



