Coffee Talk Tokyo: Japón de postal, pero sin alma de barista
Coffee Talk started out as a slice-of-life visual novel casting you as a night-shift barista serving Seattle’s uniquely magical residents, from elves to vampires to succubi, hearing out and advising their whims and woes over steaming cups. Its strength was not just in the individual lines of dialog
Mira, colega, voy a serte sincero: soy un fan de los primeros Coffee Talk. Esa mezcla de barra de café, criaturas fantásticas y dramas cotidianos en un Seattle mágico me flipó. Pero este Coffee Talk Tokyo... uf, qué bajón. Han cambiado la ciudad, han cambiado el barrio, y han perdido lo que hacía especial a la saga.
El problema no es que hayan movido la acción a Tokio. Ojo, que Japón mola un montón y la idea de explorar sus problemas sociales desde la perspectiva de un barista nocturno tiene potencial. Pero se han quedado en la superficie. Es como si hubieran decidido hacer un anuncio turístico de la Japan National Tourism Organization en vez de un juego de verdad. Te encuentras con referencias constantes al 'Cool Japan' de manual: el barrio de Shibuya, las luces de neón, los gatos callejeros, el ramen de madrugada... y todo está ahí, puesto con pinzas, como un decorado de cartón piedra.
Lo que molaba de los anteriores era que los problemas de los personajes —el racismo, los despidos masivos, la exclusión social— se sentían reales, porque estaban anclados a un mundo coherente. Aquí, en cambio, los diálogos parecen sacados de un folleto turístico. Los elfos y vampiros siguen apareciendo, pero sus historias son planas, sin esa chispa de conflicto que te hacía querer escucharles. Es como si los desarrolladores hubieran pensado: 'Bueno, ya que estamos en Tokio, que los personajes hablen de lo bonito que es el Monte Fuji y de lo estresante que es el trabajo'. Y ya está. No hay crítica social, no hay matices. Es una postal con subtítulos.
Y ojo, que la música sigue siendo acojonante, y el arte es precioso. Pero eso no basta. Coffee Talk siempre fue un juego de personajes, de conversaciones que te tocaban la fibra. Tokyo se ha quedado en el envoltorio. Es como ir a un bar de verdad, pedir un café, y que te sirvan un Nescafé con agua del grifo. Tiene el color, pero no el sabor.
Al final, te quedas con la sensación de que han querido venderte la imagen de un Japón cool, pero se han olvidado de meterle el alma. Una pena, porque la saga merecía más que un viaje turístico.
Segun ha adelantado el medio Rock Paper Shotgun.



