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Adiós a las tarjetas de Steam en el súper: Valve tira la toalla contra los estafadores

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Vale, reconozco que me he quedado un poco pillado con la noticia. Resulta que Valve, los de Steam, han dicho basta. Se acabó eso de ir al Carrefour, al GAME o a la tienda de la esquina y comprar una t

Adiós a las tarjetas de Steam en el súper: Valve tira la toalla contra los estafadores

Vale, reconozco que me he quedado un poco pillado con la noticia. Resulta que Valve, los de Steam, han dicho basta. Se acabó eso de ir al Carrefour, al GAME o a la tienda de la esquina y comprar una tarjetita de plástico con un código para meterle 20 pavos a tu cuenta. Las tarjetas regalo físicas de Steam, esas que llevaban con nosotros desde 2012, van a desaparecer. Y el motivo no es que no se vendan, ni que hayan inventado algo mejor. No, el motivo es que los hijos de puta de los estafadores las habían convertido en su herramienta favorita.

Valve lo ha explicado clarito en su web de soporte. Resulta que había una turba de energúmenos llamando por teléfono a la gente, haciéndose pasar por Hacienda, por el banco o por quien hiciera falta, y les soltaban el clásico: "Oye, que tienes una deuda, o que te ha tocado un premio, pero para arreglarlo tienes que comprar tarjetas de Steam y darme los códigos". Y la gente, o por miedo o por desconocimiento, picaba. Una estafa tan vieja como el mundo, pero con un cebo digital que funcionaba de puta madre porque las tarjetas eran anónimas, fáciles de comprar y difíciles de rastrear una vez canjeadas.

La compañía ha estado años intentando ponerle freno. Han colaborado con tiendas, con organismos, han puesto avisos en las propias tarjetas, han hecho campañas... Pero nada. Los estafadores siempre encontraban la vuelta. Y al final, hartos de ver cómo su producto se convertía en el monedero de los delincuentes, han tomado la decisión más drástica: no reponer stock. Las que queden en los expositores se irán vendiendo hasta finales de 2026, pero cuando se acaben, se acabó. No habrá más.

Y ojo, que no es una medida menor. Hablamos de un producto que llevaba 14 años en el mercado, que generaba un flujo de dinero bestial, sobre todo en épocas de regalos como Navidad o Reyes. Pero Valve ha preferido perder ese pastel antes que seguir siendo cómplices, aunque sea de forma indirecta, de estas estafas. Y la verdad, aplaudo la decisión. No es fácil renunciar a una fuente de ingresos así, pero demuestra que les importa más la reputación y la seguridad de sus usuarios que el dinero fácil.

Ahora, el debate que se abre es otro. ¿Por qué coño la gente sigue picando en esto? Porque, seamos sinceros, la estafa de las tarjetas regalo es de cajón. Te llaman, te dicen que debes dinero a Hacienda y que lo pagues con una tarjeta de Steam. ¿En serio? Es como si te llaman y te dicen que te han tocado 10.000 euros pero que para cobrarlos tienes que enviarles 50 euros en sellos. Es de sentido común. Pero el problema es que los estafadores juegan con el miedo, con la urgencia, con la falta de conocimiento tecnológico de la gente mayor, sobre todo. Y ahí es donde la cosa se complica.

Valve, al eliminar las tarjetas físicas, les quita una herramienta a los delincuentes, pero no soluciona el problema de fondo. Porque ahora, en lugar de pedir tarjetas de Steam, te pedirán que compres criptomonedas, que hagas una transferencia a una cuenta de otro país o que les compres tarjetas de Amazon. La estafa se adapta, siempre lo hace. Pero al menos, con esta medida, se corta una vía de agua que era especialmente sangrante por lo fácil que era para el estafador y lo difícil que era para la víctima recuperar el dinero.

Lo que me parece más curioso de todo esto es que Valve no haya optado por soluciones intermedias, como por ejemplo digitalizar aún más el proceso, permitiendo que las tarjetas se compraran solo con identificación o algo así. Pero claro, eso rompe con la esencia del producto: el anonimato y la facilidad. Y al final, han preferido cargarse el producto antes que complicarle la vida al usuario legítimo. Es una postura valiente, aunque también un poco derrotista. Como decir: "No podemos ganar a los malos, así que mejor nos llevamos el balón a casa".

En cualquier caso, si eres de los que todavía compraba tarjetas físicas para regalar o para ti mismo, tienes hasta finales de 2026 para hacerte con ellas. Después, tendrás que usar métodos digitales: tarjeta de crédito, PayPal, Bizum... o las tarjetas regalo digitales que venden en páginas autorizadas. Porque ojo, las digitales no desaparecen, solo las de plástico. Pero la moraleja está clara: si alguien te llama por teléfono y te pide que le compres una tarjeta de Steam para pagar algo, mándalo a la mierda y cuélgale. Que no te la cuelen.

Al final, lo de Valve es un ejemplo de cómo las empresas, a veces, tienen que tomar decisiones impopulares pero necesarias. Y también un recordatorio de que, por mucho que avance la tecnología, la picaresca y la estafa siempre encontrarán un hueco. Pero bueno, al menos ahora, cuando veas un expositor de tarjetas de Steam en el súper, sabrás que estás viendo una especie en extinción. Y quizás, solo quizás, te lleves una de recuerdo antes de que desaparezcan para siempre.

Segun ha adelantado el medio Eurogamer ES.

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